Cuando su mamá me dio el cuchillo y me dijo “tenélo por las dudas” juro que temblé como no recuerdo haberlo hecho antes en mi vida.
Marta fue mi primer amor, si bien yo ya había tenido otras relaciones, fue con ella que conocí ese sentimiento y otros mas que hubiera preferido no conocer nunca, pero que me sirvieron para toda la vida.
A los dieciséis años yo era un tipo “pintón” y me iba bastante bien con las mujeres de hecho estaba saliendo con Verito, que era muy amiga de Marta, cuando me enamoré. Recuerdo que fue muy difícil conquistarla aunque yo sabía que ella quería algo conmigo. El hecho de que su amiga fuese mi novia era todo un escollo, pero si yo terminaba mi relación no tendría manera de volver a ver a Marta. Ellas vivían en un pasaje de dos cuadras en Villa Urquiza, una enfrente de la otra y siempre nos juntábamos con Laurita, el gordo y el cordobés en la casa de alguna a jugar a algo, charlar o escuhar música.
Cuando al fin el grupo se consolidó y, supe que aunque terminara mi relación sentimental con Vero podría seguir visitando a Marta me animé y corté. Afortunadamente Verónica no lo tomó mal, por supuesto que se enojó y estuvimos algunos días sin hablarnos pero mas tarde fuimos amigos y seguimos compartiendo grandes e interesantes charlas en grupo. Había dado el primer paso pero nada era facil. Sabía que no sería bien visto que habiendo estado con una, después este con la otra y sobre todo en la familia de Marta que me conocían y me habían invitado a cenar con el resto de los chicos más de una vez. Don José, el papá de Marta, era un tipo muy divertido con el que me reía mucho de sus ocurrencias y la mamá, una mujer comprensiva que nos escuchaba y muchas veces participaba de nuestras charlas como una mas del clan, aunque nada de esto iba a importar si yo intentaba salir con su hija. Tuve mucho miedo, sobre todo miedo al rechazo (1er sentimiento aprendido), estuve dando vueltas sin decirle nada, sugería con humor que me gustaba pero rápidamente retrocedía por miedo a la negativa. Hasta que por fin llegó el día, en realidad la noche, estuvimos mucho tiempo charlando en la ventana de la casa de Laura, que estaba apenas al la vuelta de la de ella, y sentí que Marta se estaba cansando de mí, yo nunca había sido así, pero me paralizaba el temor a que ella no quisiera estar conmigo, a que en el momento de darle un beso me de vuelta la cara y me diga “¿QUE HACES?”. Hasta que me dije basta y la besé. Lejos de rechazarme ella me abrazo en el beso y me acarició la cabeza introduciendo sus largos y finos dedos entre mis cabellos con una ternura que aún hoy recuerdo. El corazón se me salía del pecho, creo que podía verse a través de mi ropa, ese beso fue más de lo que había imaginado, jamás había sentido algo parecido y fue en ese momento que por primera vez me sentí enamorado (2do sentimiento aprendido).
Estuvimos un tiempo saliendo y conociéndonos hasta que un día Martita me dijo que quería contárselo a sus padres, que no le gustaba esconder nuestra relación, a lo que yo accedí de muy buenas maneras, en realidad yo quería contárselo a todo el mundo, de haber podido me hubiese hecho un remera que dijera “YO salgo con Marta”.
Ella se encargó de decírselo a su mamá quien se puso muy contenta y nos felicitó. Pero faltaba comentárselo a Don José que, si bien era muy divertido y muy buen tipo, inspiraba un cierto respeto lindando con el miedo. Marta me dijo que yo tendría que hablar con su papá y que su mamá había organizado una cena, en la que yo sería el único invitado, para que hable con el. El miedo se metió en mi cuerpo por las venas ocupando el lugar de la sangre que corre por ellas e invadiendo todo mi ser (3er sentimiento aprendido) pero lo que yo sentía por Marta era más fuerte que ese temor y acepte.
La noche de la cena llegué a la casa puntual, estaba Jorge, el hermano mayor de Marta, que ya sabía lo nuestro y la mamá, Don José no había llegado aún. Jorge se despidió y disculpándose por no poder acompañarnos se fue. Me preocupaba mas aún que Jorge no se quede, el era un tipo interesante con quien me gustaba charlar. Si bien mucho no hablábamos el fue el causante de que yo no volviese a pensar que era un buen dibujante. Jorge estaba a punto de recibirse en Bellas artes y dibujaba de una manera increíble, era capaz de hacer una obra de arte en dos minutos y yo, que hasta ese momento pensaba que dibujaba bárbaro, me di cuenta que no era ni siquiera un principiante y que me vieja se había equivocado todas las veces que me dijo lo hermoso que yo dibujaba.
Fue en la mesa, mientras esperábamos a Don José, que la mamá de Marta me dio el cuchillo y me dijo “tenélo por las dudas”. Juro que sentí deseos de irme, si bien sabía que era una broma no era el tipo de chiste que yo necesitaba, de hecho creo que no existía chiste que me pudiese hacer reír en ese momento, aunque fingí una sonrisa, por dentro estaba muy serio. Cuando llegó Don José me saludo como siempre y se sentó, comimos y charlamos por mas de dos horas y después hicimos sobremesa con café, en el transcurso de la cena Marta y su mamá me miraban como diciendo…Y? pero no me salía, varias veces estuve a punto de hablar del tema pero no podía, me paralizaba la idea, hablé de muchísimas cosas mientras pensaba solo en una. Hasta que el papá de Marta se levantó y dijo “bueno, me voy a dormir”, fue en ese momento que no se como ni de donde me salió el coraje para decirle- José- con la voz temblorosa- necesito hablar con usted-. Por supuesto que Don José sabía de que venía el asunto-¿querés hablar acá o vamos a otro lugar?- me preguntó, Le dije que me daba igual y el me llevo a un pequeño escritorio cruzando el patio. Yo estaba fumando y me lleve el cenicero, al apoyarlo en la mesa el temblor de mis manos lo hacía sonar como el redoblante de la batería de Ringo Starr. Decime- me dijo mientras yo terminaba de apoyar el cenicero en la mesa. Otra vez me tildé y Don José me miró y me dijo- Quedáte tranquilo, yo se lo que querés decirme y lo único que te voy a pedir es que respetes mi casa y a mi hija- “Yo respeto a su casa y a su hija” le dije un poco mas tranquilo y en ese momento don José se levantó puso una mano en mi hombro y me dijo “entonces todo está bien” y se fue a dormir. Sentí un gran alivio, volví a la mesa y les conté a Marta y a su mamá la charla que había tenido, me felicitaron y brindamos los tres. Esa noche la mamá de marta se fue a dormir y yo pude quedarme hasta tarde con Marta en su casa charlando (entre otras cosas).
Dos semanas después Marta me dejó, me abandonó, termino nuestra relación. ¿La excusa? La de siempre, estoy confundida, necesito pensar bla,bla,bla…Fue un gran dolor que tampoco conocía (4to sentimiento aprendido), recuerdo estar volviendo a casa en colectivo y no poder dejar de llorar. Mi vieja se canso de preguntarme que me pasaba hasta que se lo conté y me fui a descansar. Al otro día al despertarme me encontré un nota sobre la mesa del comedor, mi mamá, antes de irse a trabajar me escribió algo que nunca mas olvidé “este dolor que ahora sentís pronto va a ser un recuerdo, un hermoso recuerdo.” Y fue así. Afortunadamente sentí amor muchas veces más y me han dejado otras tantas. Pero lo que nunca mas hice fue pedir la mano de nadie, ese stress solo puede ser vivido una vez en la vida.
Marcelo Cesa.
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Fecha: 30.09.2012
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Fecha: 12.12.2010
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